Una rara telemarketer
La voz del otro lado de la línea
“¡No sabés las ganas que tenía de que llegara este momento! Todo el día laburando y pensando en vos. Eso, sí, así, bajáme el cierre… ¡Qué buena boca tenés!” “Mmm… Gracias.” “Eso. Agarrála así, con las dos manos. ¡Qué hermoso!” “Sí, es hermosa. Te juro que le sacaría una foto.” “Después le sacamos. Ahora no te desconcentrés, ¿sí?” “Obvio, ¿qué creías? Yo de acá no me muevo hasta que explote el volcán.” “Sos una genia.” “Gracias.” “¡Puta madre! ¿Teléfono?” “Sí, tomá el celular.” “¿Qué hora es?” “Como las nueve.” “¿Quién puede ser a esta hora?” “No sé. Antendé igual que yo sigo con lo mío.” “¡Cómo te quiero!” “¡Hola! ¡¿Quién es?!” “Buenas noches, señor. Mi nombre es Marcela Gutiérrez y lo estoy llamando de la empresa de telefonía Movilife.” ”¡¿De dónde?! ¡Upa!, ¡qué bueno que está eso, mi amor! ¡Seguí, seguí! ¡Dejá la lengua ahí! Que vaya y que venga, que vaya y que venga… Así, eso es.” “¿Hola?… ¿Señor?… ¿Me escucha, señor?” “Sí, te escucho. ¿Qué pasa?, ¡son casi las nueve de la noche!” “Sí, ya sé. Le pido disculpas. Pero lo llamo para ofrecerle una promoción imperdible que comenzó en el día de hoy.” “¿Me podés esperar un segundo?” “Sí, señor. Claro. Lo espero.” “Escucháme, no me toqués lo huevos. Si me los tocás acabo enseguida. Vos concentráte en el glande, ese cuerito que está donde termina la cabeza. Y si es un poco antes del glande es mejor todavía. Poné la punta de la lengua ahí, en la zanjita, y que vaya y que venga, que vaya y que venga por la zanjita. ¡No me toqués los huevos ahora porque acabo! Eso lo dejás para cuando yo te avise. ¡Sólo lengua! Que vaya y que venga, que vaya y que venga por la zanjita. ¿Entendiste?” “Sí.” “¿A ver? Hacélo.” “¿Así?” “¡Eso!… ¿Viste qué fácil?… Apenas yo te avise me acariciás los huevos, ¿ok?” “Ok.” “Sí, disculpáme. ¿Qué me decías? ¿De dónde me llamás? ¡Mirá que estoy ocupado, eh!” “Sí, me di cuenta. ¡Escuché todo!” “¿Te gustó, no?” “Bastante.” “¿En serio?” “Sí, mucho. ¿Me pasaría con ella, por favor?” ”¡¿Eh?!… ¿Con Ella?… Mirá que no creo que ahora quiera comprar alguna promoción. Quizá mañana, pero ahora no me parece.” “No es por la promoción. Quiero darle algunos consejos para eso que le está haciendo.” “¿Y sabés mucho vos de esto que me está haciendo?” “Algo. Pero por lo que escuché sé bastante más que ella. ¿Puede pasarme? Créame que no se va a arrepentir.” “Tomá, quiere hablar con vos.” “¿Quién es?” “Marcela Gutiérrez.” ”¡¿Quién?!” “¡Tomá, atendé! Dice que te quiere dar unos consejos.” “¿A mí?” “Sí, ¡yo qué sé! ¡Atendé!” “Dame.” “Te paso, Marcela. Espero que sepas algo de esto.” “Páseme. Gracias.” “¿Hola?” “Buenas noches, señora. Mi nombre es Marcela Gutiérrez y la estoy llamando de la empresa de telefonía Movilife.” ”¡¿De dónde?!… ¿Con quién me pasaste, Agustín? Yo no quiero otro teléfono.” “No, señora, no pedí hablar con usted para venderle un teléfono o un plan de llamadas. Bueno, ésa era mi intención en un principio, pero teniendo en cuenta la situación en la que están envueltos y también teniendo en cuenta que el libreto que me da la compañía para salir del paso con los clientes más raros no incluye un caso como éste, bueno… en fin… decidí adaptarme a la ocasión y entonces, si no lo toma a mal, sobre todo esto último, me gustaría darle algunos consejitos para que aprenda a chuparle bien la verga a su marido de una buena vez. Debe entender que ése es uno de los principales causales de divorcio.” “¿De divorcio? ¿En serio nos piden el divorcio por eso?” “Por mucho menos también, señora, y nunca se lo van a decir de manera directa. Pero siempre que un matrimonio se rompe es porque una de las partes ya está metida hasta las pelotas con un tercero. Pero bueno, no es de eso que le quería hablar.” “¿Qué me querías decir entonces?” “Tome el miembro de su marido por la parte media, con la mano más diestra, y que le quede a tiro la cabecita para que le pueda pasar la yema del pulgar cada tanto. ¿Me sigue, señora?” “Agustín, ¡¿qué es esto?! ¡Esta mina está loca!” “¿Por qué?, ¿qué te dijo?” “Que te agarre el miembro con una mano y que te pase la yema del pulgar por la cabeza cada tanto.” “¿En serio? Mirá… No suena nada mal, eh. Hacéle caso. Parece que sabe. En serio, hacéle caso. ¿Qué podemos perder?” “¡Esto es una locura, Agustín!” “Dale. Hacéle caso. Confiá.” “Pero…” “¡Confiá, Claudia! ¡Hacéle caso, que eso que te dijo está bueno!” “¿Me escucha, señora?” “Sí.” “No se acongoje. Yo sé que los tomé por sorpresa, pero trate de relajarse y sepa aceptar mis consejos, créame que esto les va a gustar a los dos.” “¡Esto es una locura! Ni siquiera te conozco, nena.” “Soy Marcela Gutiérrez. De la compañía de telefonía Movilife.” “¡No te hagás la graciosa!” “¿Ya tiene el miembro de su marido en su mano más diestra?… ¡Vamos, confíe un poco en mí! En un rato me lo va a agradecer.” “Sí, ya lo tengo. Pero sabé que esto no me gusta nada.” “Bien, bien. ¿Y cómo está? ¿Está bien parado? Porque en este tiempo se pudo haber distraído.” “Y… más o menos… como que está medio flojito ahora. Medio que se tambalea.” “Sí, claro. Pero no se preocupe, señora. ¡Métale unos buenos chuponazos entonces! Haga hincapié en la punta, donde está el agujerito de la cabeza, y succione fuerte, bien fuerte, como si estuviese robando nafta con una manguera. ¿Me sigue?” “Esperá.” “¿Y?” “Esperá un poquito. Con el teléfono en la mano es complicado.” “Ponga el altavoz, por favor.” “Buena idea. Esperá… Ahora sí. Ya está. ¿Me escuchás bien?” “Perfecto. ¿Usted?” “También. Pará que le meto esos chuponazos a ver cómo reacciona.” “Bien, espero.” “¡Ay, sí! ¡Está levantando! ¡Está levantando!” “¡Aleluya, señora! Ahora haga lo que le dije antes: lo de la cabecita y la yema del pulgar, ¿recuerda?” “Sí, claro. Ya está.” “¿Usted, Agustín, me escucha bien?” “No te das una idea lo bien que te escucho… ¡Qué gran voz que tenés!” “Gracias, gracias. Me contrataron por eso, me dijeron que una voz como la mía sería irresistible hasta para los clientes más difíciles.” “Lo bien que hicieron, Marcelita… Lo bien que hicieron.” “Gracias, Agustín. Muchas gracias. Claudia, en cuanto el miembro esté bien erguido, con la mano que tiene libre le hace repetidamente en la cabeza el movimiento de destapar un frasco, ¡y muchas veces, eh!, muchas veces, como si el frasco estuviera atascado, ¿me entiende?… pero primero se mete una buena escupida en la mano, si no le va resultar chocante a Agustín. Use saliva, Claudia. ¡Mucha saliva!” “Ahí voy, Marcela… Ya está… ¡Uuuy! ¡Uuuuuy! ¡No sabés cómo se puso Agustín con eso!” “Claro que lo sé. Por eso se lo dije. ¡Ése es un gran truco! Tome nota mental, Claudia: ¡robar nafta y destapar el frasco atascado!” ”¡¿Qué más, Marcela?! ¡Esto me está gustando!” “Ahora suba y baje la mano que rodea el miembro, escupida mediante, como ya le dije, pero sin tocar la cabeza ni los huevos… ¡Sólo tronco, Claudia!, ¡sólo tronco! ¿Está bien? Y siga destapando el frasco con la otra mano.” “Sólo tronco… escupida mediante… A ver… ¡Uuuh!, sí… ¡No sabés la cara que tiene Agustín ahora! ¡Cómo me gustaría que la pudieras ver, Marcela!” “Active la cámara del teléfono, Claudia. Trate de ponerlo a un costado, donde los enfoque a los dos. Necesito ver la cara de Agustín así me voy orientando. ¿Puede ser?” “Puedo, claro. Esperá.” “Si se le complica no lo haga. No sería bueno cortar este momento.” “Vos quedáte tranquila, Marcela. Cualquier cosa le aplico el truquito de robar nafta, ¿qué te parece?” “Me parece que usted aprende rápido, Claudia. ¡Muy bien!” “Gracias.” “¡Ahí los veo! ¡No lo mueva!… No, no. Aléjelo un poco así puedo ver desde los huevos hasta la cara de Agustín. ¿Me entiende? Necesito ver esos dos puntos claramente. Huevos y cara, Claudia. Desde los huevos hasta la cara.” “Ahí me parece que está bien. ¿Qué decís, Marcela?” “¡Genial! ¡Genial! ¡No toqués más el teléfono, Claudia!… ¡Uy, perdón!” “¿Por qué perdón? ¿Qué pasó, Marcela?” “Es que la tuteé, Claudia, y eso en nuestro manual de trato al cliente está absolutamente prohibido.” “A esta altura, Marcela, si no me podés tutear vos no me puede tutear nadie. No te preocupes.” “Muchas gracias, Claudia. Bueno, entonces sigamos: dejá el teléfono así. Con esa posición de la cámara yo creo que llegamos hasta el final.” “Lo dejo así entonces. ¿Qué hago ahora, Marcela?” “Ahora dejamos de destapar el frasco, Claudia. Eso es lo más importante, porque si no se nos va enseguida… Vos me entendés, ¿no?” “Sí, claro: ¡explota el volcán! Eso querés decir.” “Eso mismo… Entonces, ahora, con la mano que quedó libre, usando el dedo más grande, y muy lentamente, escarbamos circularmente el agujerito del culo de Agustín de la misma forma en que trabaja una mecha de widia. ¿Me seguís, Claudia?” “Sí, entiendo, pero ¿no creés que Agustín se vaya a enojar si le meto un dedo en el culo?” “Yo creo que no, Claudia.” “Mirá que yo lo conozco. No le va a gustar.” “¡Hacéle caso, Claudia, por favor! ¡Hacéle caso a Marcela que ella sabe! ¡¡¡Dejá de contradecirla y metéme un dedo en el culo de una buena vez, ¿querés?!!!” “Como vos quieras, Agustín. ¡Ahí va!” “¡Eso, Claudia! ¡Así! ¡Bien profundo! ¡Metéselo hasta el fondo!… ¡y con la otra mano hacéle el truco del frasco atascado!… ¡Ya estamos cerca del final!… ¡Enterrále el dedo en el culo tan profundo que le haga picar la garganta!… ¡Hondo! ¡Bien hondo, Claudia!… ¡Le tiene que explotar el cerebro de placer! ¡Si no no sirve de nada tanto esfuerzo!… ¡Hacé eso o es divorcio directo, Claudia! ¡Hacélo! ¡Es por tu bien!… ¡¿Me oís?!… ¿O preferís el divorcio?” “¡¡¡Nooooo!!! ¡Divorcio nunca, Marcela! ¡Nunca!… ¡¿Así que quiere un dedo en el culo, este putito?!… ¡¡¡Tomá, Agustín!!! ¡¡¡Tomá!!! ¡Acá tenés el dedo!… ¡¡Oh, oh, oh, perdón, Agustín!! ¡¡Perdón, perdón, se me fueron tres dedos en lugar de uno!!… ¡¡¡Fue sin querer!!!” “Claudia, ahora poné atención, por favor. No falta mucho para que Agustín acabe.” “¿Seguro, Marcela?” “Escucháme: tiene tres dedos en el culo en lugar de uno como te dije. No le quedan más de quince segundos antes de acabar, Claudia.” “¿Y entonces qué hago?” “El truco de robar nafta. ¡Eso tenés que hacer! Jugále con los tres dedos en el ojete y prendéte con la boca de la cabeza del choto como si tuvieras que robar cien litros de nafta en seis segundos. ¡Como si tuvieras que llenar con la boca el tanque de combustible de un camión con acoplado!… ¡Así de fuerte chuponeále la cabeza, Claudia!” “¡Voy!… ¡Voy!… ¡Me robo toda la nafta, Marcela!” “¡¡¡Así se hace, Claudia!!!… ¡Más duro!… ¡Más duro!… Dejále la punta de la pija morada, Claudia. ¡Morada!” “¡¡¡Ahí voooy!!!” “Agustín, ahora te toca a vos: ¡agarrala de los pelos y sumergíle la cara contra tu pelvis!… Que Claudia sienta que la atraviesa una lanza. ¡¿Me escuchás, Agustín?!” “¡¡¡Síiiiiiiiiii!!!… ¡¡¡Te estoy escuchaaandooooo!!!” “Así, así. Muy bien, chicos. ¡Qué lindos se ven por la cámara!… ¡Eso, Claudia, perfecto!… ¡Sos una diosa! ¡Tragáte toda la nafta de Agustín!… ¡Así, así!… ¡¿Viste qué rica que es la nafta, Claudia?!… ¡Mañana vas a ir a cien kilómetros por hora con todo ese combustible adentro!… Bueno, corto comunicación. Cualquier cosa que necesiten me llaman, ¿sí?… Recuerden que Movilife es la mejor compañía de telefonía móvil en servicio 4G. ¡Y ustedes no tienen idea cómo se podría haber visto esto en esa calidad!… Estoy a sus órdenes, señores. Pregunten por Marcela Gutiérrez. Con zeta al final. Gracias por confiar en nosotros. ¡Que tengan una excelente noche!”